October4
By: Vainilla*
Cualquiera que me conoce bien me ha escuchado decir: “Estoy enamorada por las próximas 36 horas”, o por una semana, y es que no hay mejor remedio anti-estress que el amor, y me encanta la sensación de flotar en el espacio y dormir mucho.
Pero, ¿qué tan necesario es esto? ¿realmente otra persona nos puede extrañar? ¿o es todo un plan de la naturaleza?
Bueno, antes de aterrizar en la realidad de que el amor es pura ilusión, recuerdo que mientras estuve en el colegio un sacerdote nos dijo que el enamoramiento dura, si mucho, 3 años, y luego comienza el amor de verdad, porque la ilusión y la sorpresa sólo aguanta lo suficiente para cumplir su misión.
Lo que parece buen argumento, porque si en 6 meses no había compromiso, la relación no servía para mi abuela. Y es que todo tiene sentido en esta vida, y dichosos aquellos quienes, como mis padres, llkeevan 30 años juntos. Ya decía yo que ellos no se amaban, ¡pero de que se quieren, se quieren! Y la magia está, señores, en encontrar el punto exacto donde nos complementamos, más que el punto donde nos excitamos. El amor en el cerebro no es más que un happy hour de químicos que puede durar ente 18 y 30 meses, según algunos investigadores, y este tiempo de vida es suficiente para casarse, procrear y aburrirse (un caso cada vez más común). Así que la Madre Naturaleza nos equipó para hacer el trabajo bien: sólo un poco de mariposas en el estómago y ¡arriba corazones!
Dopamina, Feniletilamina, Oxitocina (no, no son nuevos ácidos para el party), son algunos de los químicos que se juntan cuando recibimos el flechazo, pero como toda droga, sus efectos se van desvaneciendo, y es por esto que algunos saben que están enamorados: porque les da hambre, o no duermen, o, como yo, nos da mucho, mucho sueño. La feniletilamina es un neurotransmisor de la familia de las anfetaminas (¡no, una de esas no nos hace enamorar!). La Dra. Helen Fisher demostró que la inconstancia, la exaltación, la euforia y la falta de sueño y apetito están asociadas a altos niveles de dopamina y norepinefrina, estimulantes naturales del cerebro. ¡Con razón hemos pasado horas en el teléfono hasta que sale el sol sin sueño! Pero con el tiempo el organismo se va haciendo resistente a los efectos de estas sustancias, y toda la locura de la pasión se desvanece gradualmente; la fase de atracción no dura para siempre, y comienza entonces una segunda fase que podemos denominar de pertenencia, dando paso a un amor más sosegado. Se trata de un sentimiento de seguridad, comodidad y paz. Pero esta vez son las endorfinas -compuestos químicos naturales de estructura similar a la de la morfina- los que dan la sensación de seguridad, comenzando así una nueva etapa: la del apego.
Pero cuando todo esto se desvanece, sólo queda acostumbrarnos a otro tipo de amor: el verdadero interés en el bienestar del otro, aquellas ideas de ¿habrá comido? ¿cómo habrá salido ese informe? ¿por qué no ha llegado? Y todo se convierte en una amistad armoniosa que en los mejores casos se mezcla con sexo.
Para conservar la pareja, entonces, es necesario buscar mecanismos alternos, como costumbres, intereses mutuos, etc., y a luchar porque el proceso deje de ser solo químico.
¿Y la mejor forma de enamorar a alguien? Pasar mucho tiempo con ella, razón por la que te empezaran a gustar los amigos de toda la vida, y las bodas arregladas funcionaron: basta un tiempo juntos para encontrar adorable hasta la forma en que cojea.
¿Y el olor?
Algo habían escuchado de que nos atraemos mas bien por el olor que por lo bonitos. Bueno, constantemente en el sudor y a través de la piel liberamos feromonas, que son las responsables de algunas señales bioquímicas inconscientes (amor a primera olfateada). Es así como las hormigas siguen el mismo molesto caminito en la pared, y cómo el perfume de alguien en un elevador te transporta a tus primeros amores. Los defensores de la teoría de las feromonas van más lejos: dicen que el “amor a primera vista” es la mayor prueba de la existencia de estas sustancias controvertidas. “Las feromonas – afirman categóricamente – producen reacciones químicas que resultan en sensaciones placenteras”. A medida que nos vamos haciendo adictos, cuanto más prolongada es su ausencia, más nos sentimos “enamorados”. La ansiedad de la pasión, entonces, sería el síntoma más claro del Síndrome de Abstinencia de Feromonas.
¿Y la persona ideal?
Si lo anterior no suena convincente, investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles, conscientes e inconscientes. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en: “Cada cual busca la pareja que cree merecer”. Realmente el único lugar donde está aquella persona es en nuestra mente. Algunos psicólogos dicen que entre los 5 y 8 años ya tenemos programada como queremos que sea esa persona. Por eso es que son muy parecidos a nuestros padres. O sea que antes de siquiera fijarnos en alguien ya sabemos si nos va a resultar o no; si es o no es nuestro “tipo”.
Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma: nuestro organismo entra entonces en ebullición. A través del sistema nervioso, el hipotálamo envía mensajes a las diferentes glándulas del cuerpo y ordena a las glándulas suprarrenales que aumenten inmediatamente la producción de adrenalina y noradrenalina (neurotransmisores que comunican entre sí a las células nerviosas).
O sea que ni las ideas maravillosas del amor a primera vista son válidas: todo es un cocktail de químicos ya programado por nuestro cerebro.
Pero a pesar de todas las investigaciones y descubrimientos, existe la idea que la evolución, por algún motivo, modificó nuestros genes para permitir que surgiese el amor no asociado con la procreación (se calcula que esto ocurrió hace aproximadamente 10.000 años). Los hombres pasaron realmente a amar a las mujeres, y algunas de ellas pasaron a mirar a los hombres como algo más que una máquina de protección.
Puede ser químico, biológico, psicológico o anormal, pero el amor en sus primeros días para mi es lo mejor que se puede experimentar y vale la pena dejar de ser resentidos y creer de vez en cuando que nos bajan el cielo y las estrellas, porque bueno o malo, igual tiene que terminar: nada es eterno, pero prefiero mil veces decir que al menos lo intenté, y que fue bastante bueno mientras duró.
Peace…